Quizás el sonido es el apartado menos meritorio de este juego. La música totalmente electrónica (como no podía ser de otra forma) es buena, aunque tan poco variada que se acaba haciendo muy repetitiva. Sobre todo en largas partidas en un mismo escenario intentando hacer los puntos suficientes para superar al típico amigo viciado que siempre nos pasa la mano por la cara en todos los juegos. Sí, el que nos desveló el final de Final Fantasy VII, ese, ese.
Las mismas carencias de la música las adolece el apartado de efectos sonoros. Bien conseguidos, muy “retro”, pero poco variados y hartunos. Como en los arcade de toda la vida, sí... pero no por ello dejan de ser muy mejorables.