Resolvamos la siguiente ecuación: si los Zelda son tradicionalmente muy jugables y ahora le añadimos un caramelo como el Wiimando... ¿qué nos queda? Pues un Twilight Princess. La última entrega de Zelda para la última consola de Nintendo nos permite usar más manos y dedos que nunca. Con la mano derecha accedemos, mediante los botones, al menú y a asignar los objetos; un movimiento de izquierda a derecha nos permitirá sacar la espada, y posteriormente atacar. Con la izquierda moveremos el cuerpo, caminando, corriendo... y también nos servirá para mirar o enfocar. Si la movemos lateralmente, haremos un ataque circular.
Gracias al Wiimando, la implicación en la acción es mayor dentro de un juego altamente jugable, con una historia básica muy elaborada y larga, con multitud de mazmorras y enemigos, y muy rico en "side-quests". Llenar nuestra barra de corazones, por ejemplo, será esta vez más complicado: necesitaremos los nueve contenedores repartidos por el territorio, y contrariamente a la norma no nos harán falta cuatro piezas de corazón, sino cinco. O sea, 45 cachitos...
Estamos seguramente ante el Zelda con más escenas de video. ¿Aburrido? No, enriquecedor. La belleza gráfica de estas escenas es un punto a favor, y la buena historia que hay detrás se complementa a la perfección. Que tanto video no merme la jugabilidad es realmente agradable.