Más allá de polémicas de cualquier tipo, Bully es un juego al más puro estilo Harry Potter, en el que el protagonista, Jimmy Hopkins, un chaval adolescente con aureola de conflictivo, debe cumplir una serie de desafíos con los que hacerte notar en el conflictivo mundo de la Bullsworth Academy.
El juego de Rockstar está compuesto por infinidad de pruebas, subpruebas, minijuegos y cosas del estilo. Peleas contra otros compañeros, pruebas de valentía, búsqueda de objetos y las omnipresentes clases ocuparán literalmente cada segundo de tu experiencia con Bully. Todos los alumnos querrán pegaros - debido principalmente al extremista sistema de reputacíon, todos los profesores reduciros - a causa de la estricta autoridad imperante en la academia y no hay momento para el descanso. Ésto convierte a las partidas al juego de Rockstar en una algo agobiante, un reto continuo en el que las obligaciones lo ocupan todo, sin que parezca haber espacio para la diversión.
Y es que a pesar de la estructura a lo GTA, lo imperante del reloj elimina el factor que ha elevado a los Grand Theft Auto al Olimpo de la diversión: La libertad para hacer lo que nos de la gana cuando nos de la gana. Vale, es cierto que las misiones de los Grand Theft Auto son tan cuadriculadas como las de Bully, pero entre misión y misión las restricciones nos las poníamos nosotros.
En cualquier caso, la mecánica de juego de Bully acaba conviertiéndose en una imparable rueda que, si te atrapa, te acaba enganchando y alargando tus sesiones de juego hasta límites insospechados. Y es que las minimisiones, tal y como ya avisan las estadísticas del menú de pausa, parecen no acabarse nunca.
Por cierto, una pista-aclaración: En las clases de inglés, no os calentéis la cabeza: Las palabras a formar son en castellano. Aún así ya os aviso que es la clase más complicada de aprobar con diferencia.