Empezamos el juego con una historia prácticamente igual que la de “Into Dreams”. Los dos personajes, dos niños de catorce años; comienzan a soñar y viajan al mundo de Nightopia. Allí nos encontramos con un paisaje surrealista y lleno de colorido, pero... algo falla. Nos giramos y vemos un abismo en el escenario. ¡Dios mío! ¿Se les olvidó acabar esta parte? ¿Pensaban que nadie se iba a dar la vuelta nada más comenzar? Incrédulos, nos acercamos al abismo para comprobar si es un precipicio pero no... ante nosotros se extiende La Nada™ del motor gráfico. Y una pared invisible nos corta el paso para que no nos asomemos. Bien, al menos no nos caeremos... ¡Gracias beta testers!
La primera en la frente pero bueno, no pasa nada. Seguimos jugando y nos encontramos con unos escenarios bastante limitados, y decepcionantes técnicamente. Los objetos y el entorno están llenos de texturas planas, y han perdido el encanto que tuvieron en Saturn. El sistema gráfico es en 3D, pero seguimos avanzando por un recorrido prefijado en 2D sin libertad alguna de movimientos, algo que pensábamos que ya se podría hacer dos generaciones después. Está bien, esa es la apuesta jugable del título, pero algunos de los errores deberían haberse pulido. Por ejemplo, chocar contra paredes invisibles y obstáculos que podrían esquivarse. Al volar, Nights puede elevarse hasta una altura limitada, pero al llegar a esta altura, choca y sale rebotado. Hay técnicas utilizadas en otros juegos (¡hasta en Star Fox de Super Nintendo!) en las que cuando llegas al límite de la pantalla, el objeto da una vuelta natural, sin chocarse contra el borde.
En definitiva, el aspecto visual del título es decepcionante, poco pulido y por debajo de las posibilidades tanto de SEGA como de Wii. Da la impresión de que es un juego realizado con prisas y poco tiempo de adaptación a la consola, a pesar de llevar proyectándose casi diez años.